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Vivimos en un sistema agroalimentario basado en en grandes extensiones de monocultivo y la maximización de rendimientos a corto plazo que provocan deforestación, desertificación, erosión de los suelos y pérdida de la biodiversidad de flora y fauna. Un modelo que provoca además grandes deseigualdades sociales, explotación, pobreza y sufrimiento.

En este sentido el café ejemplifica de forma clara el funcionamiento del mercado global y las injustas reglas que operan en él y que consolidan la pobreza y la desigualdad mundiales. El mercado del café genera alrededor de 200.000 millones de dólares anuales. Es cultivado por más de 25 millones de personas, en España lo consume el 63% de la población mayor de 15 años, y su consumo sigue creciendo en todo el mundo.

Para atender a la creciente demanda se debería multiplicar por 2,5 la superficie destinada a plantaciones, con graves efectos sobre el medio ambiente, como la deforestación. Además en este tipo de cultivos se utiliza  y  un elevado uso de productos químicos de síntesis, que perjudican a ecosistemas y a personas.

Diferencias entre café convencional y café ecológico

Café convencional

Por naturaleza, el café prefiere la sombra, pero un cultivo que crece en un bosque espeso es más difícil de cuidar y cosechar, y no puede ser plantado tan densamente. Por este motivo las plantas de café de cultivos convencionales actuales son híbridos desarrollados para florecer al sol, como consecuencia:

  • Los bosques se talan para dejar espacio a los campos abiertos en los que se pueden cultivar grandes cantidades de esta variedad de café amante del sol.
  • La producción aumenta, pero el ecosistema salvaje de flora y fauna es demolido.

Cientos de miles de hectáreas de bosques lluviosos sudamericanos ya se han destruidos para varias industrias cafeteras lo que además dificulta la adaptación de las poblaciones y los ecosistemas a las consecuencias del cambio climático.

El café convencional es uno de los alimentos más tratados químicamente en el mundo. Está impregnado de fertilizantes sintéticos, pesticidas, herbicidas, fungicidas e insecticidas. No solo el medio ambiente sufre esta sobrecarga, sino también las personas que viven en él:

  • Los agricultores están expuestos a un alto nivel de productos químicos mientras rocían los cultivos y los manipulan durante la cosecha.
  • Las comunidades circundantes también se ven afectadas por los residuos químicos en el aire y el agua.

Café ecológico

El café ecológico se cultiva y produce sin fertilizantes sintéticos ni productos químicos, lo que significa granos, aire, tierra y agua más limpios.

  • El café se cultiva solo con fertilizantes orgánicos (como pulpa de café, estiércol de gallina o abono orgánico).
  • Las granjas orgánicas también combaten el cambio climático emitiendo menos carbono que las granjas químicas, a la vez que absorben cantidades significativas de carbono.

Respecto a la forma de ser cultivado, el café ecológico es mucho más natural, siguiendo patrones tradicionales. Es cultivado en altura y a la sombra de exuberantes bosques, proporcionando un hogar para plantas y animales silvestres, manteniendo la fertilidad del suelo y ecosistemas regionales únicos. Estos terrenos de cultivo, son también más resistentes y están mejor equipadas para manejar patrones climáticos inusuales que son el resultado del cambio climático.

Las comunidades productoras

Actualmente mientras que el valor generado al final de la cadena de producción del café convencional no deja de crecer, la proporción para los productores y productoras es cada vez menor. Desde fines de los años noventa, las empresas tostadoras son, junto con las distribuidoras, los actores que generan mayores ingresos dentro de la cadena.  Por contra, sin los medios suficientes para mantener sus cultivos y obligados a endeudarse para satisfacer a sus necesidades básicas, muchos de los productores y productoras de café se encuentran atrapados en la “trampa de la pobreza”. A menudo, las familias caficultoras sufren de problemas de malnutrición e índices elevados de analfabetismo. La pobreza también alimenta fenómenos tales como la migración o el tráfico de droga, y en algunos países (Kenia, honduras, etc.), recurrir al trabajo infantil sigue siendo, a veces, una solución.

En este sentido el café de Comercio Justo se basa en los compromisos asumidos por los actores de la cadena para permitir a organizaciones productoras, trabajadores y trabajadoras vivir de su trabajo e invertir de manera colectiva a largo plazo. Son relaciones duraderas y estables caracterizadas por

  • Fomentar la organización colectiva y democrática de los grupos productores.
  • Acordar un precio mínimo garantizado.
  • Existencia de la prima de Comercio Justo que repercute sobre toda la comunidad.
  • Cumplir las convenciones de la OIT (organización internacional del Trabajo)
  • Promover campañas de sensibilización a la ciudadanía que fomenten el consumo del Comercio Justo.

¿Puede una taza de café cambiar el mundo?

Quizá contestar afirmativamente a esta pregunta sería simplificar demasiado la compleja realidad en la que vivimos, pero sí, consumir café ecológico y de Comercio Justo en tu vida diaria contribuye, y de manera muy directa, a proteger el medio ambiente y a mejorar la vida de muchas personas.

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