• Tras conocer a María productora de Comercio Justo que nos visitó recientemente, la estudiante cordobesa Gabriela Castillo Gil escribió un texto que ha sido premiado por la Diputación de Córdoba con motivo del IV Concurso de Dibujos y Relatos Cortos «8 de marzo por la igualdad» que organiza la entidad.
  • En este concurso han participados 32 centros educativos entre los que se encuentra el Instituto Séneca de Córdoba, donde estudia 3º de ESO Gabriela.
  • Nos hace especial ilusión contaros esta buena noticia esta semana, en la que comienza la vuelta al cole.

El pasado mes de febrero nos visitaba María, productora de AGROPIA, una cooperativa agraria que trabaja con 120 socios y socias en la producción orgánica de distintas variedades de papa andina. IDEAS apoya a AGROPIA a través de programas de cooperación, asistencia técnica, importación, distribución y venta de sus productos en España. Invitamos a María a visitar nuestro país dentro del proyecto barrios por el Comercio Justo, que tiene como objetivo dar a conocer a la ciudadanía general esta alternativa de consumo respetuosa con las personas y el medio ambiente.

Gabriela conoció a María, nuestra productora de Agropia, por casualidad:

«La idea de este relato surgió tras una charla organizada por la cooperativa IDEAS a la que acudió mi padre. La ponente era una campesina de los Andes de Perú que venía a hablar sobre productos andinos y sobre la comercialización de estos productos y de cómo personas tan sacrificadas por su trabajo pueden conseguir que se les pague un precio justo por sus productos. Todo el mundo se sorprendía al verla con su vestimenta tradicional, y su presencia tan humilde y buena que conseguía enamorarnos a todos.  Se quedó a cenar en nuestra casa y nos pasamos toda la velada hablando de su trabajo y de cómo era para ella tener la ocasión de haber venido a España y representar a su comunidad.» Nos cuenta la estudiante.

La presencia de María y su historia inspiró este precioso relato que ha sido premiado por al Diputación de Córdoba y que os animamos a disfrutar:

María en Quechua

Nunca me he parado a pensar en lo afortunada que soy, no sólo por tener la vida que tengo, sino también por ser mujer. Ser libre, y poder hacer lo que desee, elegir mi propio camino, y poder ser una de las tantas voces que defienden a las mujeres y sus derechos, pero sobre todo, por poder pensar y gritar lo orgullosa que estoy de ellas, de tantas mujeres como María.

Ella vive en un pueblo, podrían definir, casi invisible en el mapa de la sierra de Perú, y sin embargo, es una mujer con mayúsculas. Se atrevió a salir por primera vez de su casa de adobe, de su terrenito donde siembra patatas, y dejar a su marido y familia al cuidado de sus hijos pequeños, par venir a Córdoba, a contarnos lo que hacen las mujeres en su comunidad.

Ellas han decidido sembrar otro tipo de papas, de colores, azules, rojas y moradas, que luego se convierten en patatas chips que los europeos comemos. Pero han sabido hacerlo unidas, y en equipo, para hacer ver que les tienen que pagar un precio justo por su trabajo. Y cuando vino, habló con su valiente voz y su mirada confiada, de todo lo que hacen en su pueblo, con orgullo y también con agradecimiento por reconocer su trabajo. En estos pocos días que ha estado aquí, ya echaba de menos a sus hijos, per se atrevió a dar un paso al frente y representar, tan lejos de su casa, en otro continente, lo que las mujeres son capaces de hacer. Piensa como una mujer del siglo XXI, pregunta mucho porque quiere lo mejor para su hija, pero con la presencia de una mujer andina, con trenzas, sombrero y poncho, que viste con orgullo mientras todos la miran con sorpresa, pero también con admiración por ser ella misma. No lleva vaqueros, ni camiseta, n zapatos como los de las mujeres de aquí. Viste una falda de muchísimos colores, un jersey de piel gruesa y no muy suave, y debajo de su sombrero, su pelo está recogido en dos largas trenzas y debajo, veo su cara de piel oscura como el chocolate. Debo luchar por mis objetivos, por llegar a ser más de lo que me imagino, como le ha ocurrido a María. No hay que tener miedo ni vergüenza de ser quienes somos. Trabajamos duro para llegar a donde queramos y mucho más. No deberíamos sentirnos inferiores ni dejar que nos lo hagan sentir, no deberíamos dejar que nuestros sueños huyan, sino luchar para que se hagan realidad.

El otro día conocí a María, orgullosa de ser quien es pero sobre todo, de ser mujer. Ella no es como las demás, tiene una historia en quechua.