Un campo justo y formación para las nuevas generaciones campesinas.

Un problema recurrente para la agricultura familiar campesina es el relevo generacional. En las familias productoras, los miembros más jóvenes sienten que sus mejores opciones de futuro están fuera del campo. Los bajos precios de los productos agrícolas, junto con la incertidumbre de cómo irá la cosecha, hacen poco atractiva la labor campesina entre las nuevas generaciones, que prefieren emigrar a la ciudad.

Así lo hizo Arbel Tapullima, hijo de uno de los productores de cacao de la cooperativa Oro Verde, que dejó atrás su comunidad rural en la provincia del Dorado #dondenaceelcacao para marcharse y probar suerte en Lima.

La capital de Perú cuenta ya con 13 millones de habitantes, y tiene sus propios ritmos. Casi un tercio de la población de todo el país se concentra en esta mega urbe. En Lima Arbel se dedicó a la venta de flores, pero reconoce que el estilo de vida en la gran ciudad regido por la prisa, los largos desplazamientos y las aglomeraciones de tráfico nunca terminó de gustarle.

Arbel

Arbel enseña orgulloso tabletas de chocolate

Por eso, tras el fallecimiento de su padre, Arbel tomo la decisión de regresar y de cuidar con orgullo la tierra que su familia mimó durante años. Y no se arrepiente de haber vuelto. Prefiere ser su propio jefe, pasar su tiempo un entorno saludable y vivir de la tierra que ha heredado. Nos cuenta que la vida en la ciudad no es necesariamente mejor y que le daba pena desaprovechar la finca que había heredado.

Arbel, siguió los pasos de su padre y se hizo socio de Oro Verde, lo que le ha permitido participar los cursos de cooperativismo y liderazgo para jóvenes que hemos organizado, como parte de nuestro Proyecto de Cooperación financiado por el Ayuntamiento de Córdoba. El objetivo de los proyectos de IDEAS, en línea con los principios del Comercio Justo, es mejorar los medios de vida de las familias productoras fortaleciendo sus derechos y promoviendo una producción más sostenible.

Tras realizar los talleres, Arbel se siente más seguro y preparado para afrontar el reto de salir adelante como productor. Nos comentó que “La capacitación es necesaria porque nos muestra la importancia del cooperativismo, nos enseña a trabajar mejor juntos y nos quita la vergüenza para hablar en público, animándonos a participar más”.

Incluso está tratando de convencer a sus 3 hermanos, que no querían trabajar en la finca para a que le ayuden. “Al principio no tenían interés, pero yo les dije que teníamos que aplicar abono foliar para mejorar la producción de nuestro cacao orgánico, y al final, de tanto insistir, me han apoyado”.

El caso de Árbel muestra que aún hay esperanza para las generaciones jóvenes y el campo, aunque su futuro está pendiente de un hilo. El Comercio Justo, gracias a unos precios mínimos garantizados y estables, cuida al campo y a las familias que lo trabajan, para que sus nuevas generaciones no tengan que emigrar.

 

La agricultura familiar campesina sigue produciendo el 70% de los alimentos en el mundo. Por eso la renovación generacional en el campo es crucial para no poner en peligro el sistema alimentario a global. Dependemos de jóvenes como Árbel para que siga habiendo alimentos en nuestras mesas.